
Autodidacta desde joven, Julio aprendió el oficio de cantero casi por casualidad — un capricho familiar que se convirtió en vocación. En 1998 abrió su propio taller en Portocolom, Mallorca, para dedicarse por completo a la piedra.
Trabaja de forma artesanal, con apenas maquinaria eléctrica: cinceles, punteros y gubias como extensión de sus manos. Ganó el primer premio de artesanía de Mallorca en 2015 y 2016.
Sin adornos, sin marketing. Solo el oficio, desde hace 25 años.
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